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viernes, 25 de noviembre de 2011

CRÓNICA EN VERSO

Ayer no llegué ni lloré a analizar a tiempo,
ruin entre las gotas de aire iban cayendo,
una a una más inermes que el hielo

Espinas en los labios cortaban mi sangre.

Caminé por la avenida Córdoba

hasta

(4500) personas nada significantes, sin saber si tal vez lo son
el tiempo tiene la consistencia de la existencia
la realidad si bien no se ve siempre absoluta yo veía igual que era ser nada
más concreto que lo naturalmente común de todos los días
el venir incesante de las pisadas

La avenida sopeada de monóxido entreluces escapes explotan
alertan
mis pensamientos, colgaba uno la tela blanca;
manchada de rojos olvidos,
otro tiraba la toalla
mientras uno… la mirada al piso,
no quería llegar a ningún lugar, no tenía donde,
sin que mi yo supiera cual
otro yo está apurado.
Y así
un sol tenue otoñal,
y su paso como ánimo,
breve… un día más.

Me dolía el alma, y era por todo conjunto,
que a balde limpio irrumpió en mi consciencia en liso llanto
manos vacías de colores de negocios brillantes de moda de consumismo

no me arrepiento de nada.

Tarde que se iba, y yo no volvía a ningún lado,
a la tristeza.

Subo al 110, un peso le digo,
al traspirado conductor con cara de tráfico y bocinazos,
frenadas bruscas y encierros,

La gente durmiendo o muerta o individualista
o solitaria o muda o inconsciente o nada…
yo igual

ni ahora ni lugar ni presente, dentro boca nicho noche nadie almas dentro
chillan voces desde cielo infierno desde
cuando parca acecha ojos miran vidrio oscuro
cementerio abandonado, todos esos huesos me componen.

Yo creo de mi propia realidad,
no sé quien soy, ni que hago, ni como me ven…
una transparencia morena… ojos y piel en cartel,

Cruzando la calle Padilla,
bajé no sé donde villa Crespo
y no encontraba lugar del planeta
donde refugiar esa angustia que asomaba.

Busco la parada del 71,
Al servicio de la comunidad me dice
-en la esquina.
Prendo un cigarrillo de esos que ni hacen cosquillas,
y mientras espero al blanco,
desde un auto unos ojos grandotes me miran fijo,
en esos casos si veo que puedo miro, pero este era ancho…
me dice algo ininteligible, me alejo precavido…
-Jesús te ama- le oigo…
¿Quién es ese?
¿Qué me ama?
¿Qué?
Después el loco soy yo.
no tenía sentido seguir…
Y miré el cielo y creí en mí,
en toda esta lucha

De los pasares y los pesares, de la sociedad que formo forma ochos y unos,
de los vicios que sobrevuelan,
de tus caricias perfumadas…

Y te extrañé sólo porque aprendí a extrañarte
mientras se enjugaban los ojos
que solo querían extrañarte hasta ahora cerrando…

Que mientras siento el efecto, libres los sesos,
relajado a las 4.32 y un bostezo de la mañana
y es el tiempo que no me contraría,
bostezo, distensiones faciales, igual al beso,
¿Y para que sufrir?
si está su piercing que me vuela,
labios que se doblegan en la lucha
o se triplican, si incluyo al alter,
le bostezo otro beso.

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