martes, 29 de abril de 2014
Juan Larrea
Alba de no entender nada
El horizonte salta a los ojos de su amor
arrastrando consigo la esperanza de sobrevivirse
en este olvido sonrosado de carne y de sí mismo
se está lejos de ser puro
en mi vida te veo
desleída inasible
los brazos se buscan los brazos se alargan
imaginarios
desde una a otra orilla de la llama
Quisieran matarme
pensando volver a verte
no hallarían de ti más que la esperanza de estar desnudo
Aube à en rien comprendre
L'horizon saute aux yeux de son amour
entrainant avec lui l'espoir de se survivre
dans cet oubli rosé de chair et de soi-même
on est loin d'être pur
je te vois dans ma vie
délayée insaisissable
des bras se cherchent des bras s'allongent
imaginaires
d'une rive à une autre rive de la flamme
On voudrait me tuer
en pensant te revoir
on en trouverait de toi que l'espoir d'être un
Punto de referencia
No a la arena y a su soltura
no a los pies dispuestos a la persecución
no a un techo más cálido que otro
no a la noche perforada detrás de la oreja
no a los guijarros heroicos a las capas de polvo
no a la llamada del oro adulterado de las dudas
no a los adioses a las mentiras a las reconciliaciones
a todo lo que no sea asegurarme
que ni tú ni yo hemos existido nunca
VICENTE HUIDOBRO
PARA LLORAR
Es para llorar que buscamos nuestros ojos
Para sostener nuestras lágrimas allá arriba
En sus sobres nutridos de nuestros fantasmas
Es para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día
Y sobre nuestra memoria de carne
Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte sentada junto a la novia
Escondemos nuestra voz de todas las noches
Porque acarreamos la desgracia
Escondemos nuestras miradas bajo las alas de las piedras
Respiramos más suavemente que el cielo en el molino
Tenemos miedo
Nuestro cuerpo cruje en el silencio
Como el esqueleto en el aniversario de su muerte
Es para llorar que buscamos palabras en el corazón
En el fondo del viento que hincha nuestro pecho
En el milagro del viento lleno de nuestras palabras
La muerte está atornillada a la vida
Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar
Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada
Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria
Y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable
El viento abre los ojos de los ciegos
Es para llorar para llorar
Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces
Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras
Paloma de nube y de noche
De nube en nube y de noche en noche
Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro
Miramos ese hueco en el aire en que se mueven los que aún no han nacido
Ese hueco en que quedaron las miradas de los ciegos estatuarios
Es para poder llorar es para poder llorar
Porque las lagrimas deben llover sobre las mejillas de la tarde
Es para llorar que la vida es tan corta
Es para llorar que la vida es tan larga
El alma salta de nuestro cuerpo
Bebemos en la fuente que hace ver los ojos ausentes
La noche llega con sus corderos y sus selvas intraducibles
La noche llega a paso de montaña
Sobre el piano donde el árbol brota
Con sus mercancías y sus signos amargos
Con sus misterios que quisiera enterrar en el cielo
La ciudad cae en el saco de la noche
Desvestida de gloria y de prodigios
El mar abre y cierra su puerta
Es para llorar para llorar
Porque nuestras lágrimas no deben separarse del buen camino
Es para llorar que buscamos la cuna de la luz
Y la cabellera ardiente de la dicha
Es la noche de la nadadora que sabe transformarse en fantasma
Es para llorar que abandonamos los campos de las simientes
En donde el árbol viejo canta bajo la tempestad como la estatua del mañana
Es para llorar que abrimos la mente a los climas de impaciencia
Y que no apagamos el fuego del cerebro
Es para llorar que la muerte es tan rápida
Es para llorar que la muerte es tan lenta
“En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Ésa es la palabra que debe descubrir el poeta. (..) Su vocabulario es infinito porque ella no cree en la certeza sino en las posibilidades. Y su rol es convertir las probabilidades en certeza. Su valor está marcado por la distancia que va de lo que vemos a lo que imaginamos. Para ella no hay pasado ni fuuro.
(…) El valor del lenguaje de la poesía está en razón directa de su alejamiento del lenguaje que se habla. Esto es lo que el vulgo no puede comprender porque no quiere aceptar que el poeta trate de expresar sólo lo inexpresable. (…)
La Poesía es un desafío a la Razón, porque ella es la única razón posible.”
GIRONDO
El puro no
El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no CAMPO NUESTRO
| En lo alto de esas cumbres agobiantes hallaremos laderas y peñascos, donde yacen metales, momias de alga, peces cristalizados; pero jamás la extensa certidumbre de que antes de humillarnos para siempre, has preferido, campo, el ascetismo de negarte a ti mismo. Fuiste viva presencia o fiel memoria desde mis más remota prehistoria. Mucho antes de intimar con los palotes mi amistad te abrazaba en cada poste. Chapaleando en el cielo de tus charcos me rocé con tus ranas y tus astros. Junto con tu recuerdo se aproxima el relente a distancia y pasto herido con que impregnas las botas... la fatiga. Galopar. Galopar. ¿Ritmo perdido? hasta encontrarlo dentro de uno mismo. Siempre volvemos, campo, de tus tardes con un lucero humeante... entre los labios. Una tarde, en el mar, tú me llamaste, pero en vez de tu escueta reciedumbre pasaba ante la borda un campo equívoco de andares voluptuosos y evasivos. Me llamaste, otra vez, con voz de madre Y en tu silencio sólo halló una vaca junto a un charco de luna arrodillada; arrodillada, campo, ante tu nada. Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo, te me vas, despacio, para adentro... al trote corto, campo, al trotecito. Aunque me ignores, campo, soy tu amigo. Entra y descansa, campo. Desensilla. Deja de ser eterna lejanía. Cuanto más te repito y te repito quisiera repetirte al infinito. Nunca permitas, campo, que se agote nuestra sed de horizonte y de galope. Templa mis nervios, campo ilimitado, al recio diapasón del alambrado. Aquí mi soledad. Esta mi mano. Dondequiera que vayas te acompaño. Si no hubieras andado siempre solo ¿todavía tendrías voz de toro? Tu soledad, tu soledad... ¡la mía! Un sorbo tras el otro, noche y día, como si fuera, campo, mate amargo. A veces soledad, otras silencio, pero ante todo, campo: padre-nuestro. |
MI LU
| mi lubidulia mi golocidalove mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma y descentratelura y venusafrodea y me nirvana el suyo la crucis los desalmes con sus melimeleos sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos mi lu mi luar mi mito demonoave dea rosa mi pez hada mi luvisita nimia mi lubísnea mi lu más lar más lampo mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio mi lubella lusola mi total lu plevida mi toda lu lumía |
Pablo Picasso
28 de octubre de 1935 si pienso en una lengua y escribo “el perro persigue a una liebre por el bosque” y quiero traducirlo a otra lengua tendré que decir “la mesa de madera blanca hunde sus patas en la arena y muere casi del susto al reconocerse tan [idiota]”
4 de noviembre de 1935 [II] espejo en tu marco de corcho – tirado al mar entre las olas – no ves sólo el relámpago – el cielo – y las nubes – con tu boca abierta dispuesta – a tragarse el sol – mas si un pájaro pasa – y por un instante vive en tu mirada – al instante se queda sin ojos – caídos al mar – ciego – y qué carcajadas – en ese preciso momento – brotan de las olas
[septiembre de] 1936 si el enternecedor recuerdo del cristal roto en su ojo no diera la hora en las campanadas que perfuman el azul tan cansado de amar del vestido que susurra que lo envuelve el sol puede en cualquier momento estallar en su mano pero esconde las garras y se duerme a la sombra que proyecta la mantis religiosa mordisqueando una hostia mas si la curva que agita la canción colgada en la punta del anzuelo se enrosca y muerde en su centro el cuchillo que la seduce y colorea y el ramo de estrellas de mar grita su desamparo el pisto trágico del ballet de moscas sobre la cortina de llamas que hierve en el borde de la ventana
3 de octubre de 1936 miserable piel de zapa abrazada al cuerpo roto de amor que sangra de tan oprimido bajo la corona de su nido de zarzas miserable recuerdo del olor a jazmín prendido en el fondo de su ojo tocando a rebato con todas las campanas al vuelo que muerde el cuello del arco iris la tempestad ha caído en la trampa peine espejo letra del alfabeto cómico gallete mano distancia color quitado de la lista de los mortales si la vida se cuece en la gran sala de fiestas con olor a col su cocido de esperanzas y le sonríe debajo de la mesa a la mentira, entonces todas las sillas sentadas en cerco se levantan y van a colgarse en las paredes de la oficina del director a la espera de que la ruleta acabe de lamer las horas que embarran las velas de su bello paraguas y oír el crujido que al romperse hace en mi pecho la varilla del timbre de su mirada de aroma de estrellas eléctricas aplastadas con el tacón
[junio de] 1937 en las entrañas del corazón están solando las calles del pueblo y la arena que cae en los relojes de arena heridos en la frente al caerse por la ventana sirve para secar la sangre que brota de los ojos asombrados que miran por el ojo de la cerradura por ver si el aire asfixiado por el hedor que se escapa de los orificios nasales de los papeles grasientos tirados al suelo o la música escondida debajo de las hojas de la vid no impide que la danza macabra borre de un plumazo la huella de las voces aferradas con las puntas de los dedos a los pedazos de pan remojados en orina un interior brillantemente iluminado recién solado chorreando sangre descansando sobre relojes de arena llenos de ojos visto por el ojo de la cerradura los caracteres de imprenta dispuestos sobre una hoja de vid borrando con sus plumas el olor a pan remojado en orina la luz suela con su sangre los relojes de arena del ojo de la cerradura con sus ojos borra de sus plumas el olor a pan remojado en orina la mezcla de colores solando los ojos de las plumas arrancadas del pan remojado en orina
2 de julio de 1937 qué triste suerte la del retrete de la vieja mandrágora – tuerta – hecha picadillo – cosido más claro que el agua al traje de novia con una estocada en la llama de la boquilla del gas de la aurora boreal puesta a secar en la flor desvanecida de la tela de seda malva de la risa de rabillo de conejo que cuenta chino y los lloros anaranjados picados a máquina de la noche dulzona. qué coqueto deseo de mi corazón de freír el montón de reverencias hecho un basilisco furibundo mientras escucha con la oreja pegada al tomillo los latigazos que castigan sus tobillos y qué triste suerte limosnera ducha en caricias la del retrete abierto a mil primaveras lleva la añoranza del espejo de su herida a la camisa de tela de araña de la vieja pordiosera inscrita al dorso del libre arbitrio picado de gusanos de la aguja que atraviesa el tallo de la flor de azahar clavada en el centro de la cortina que cubre la mandrágora
10 de enero de 1938 deja que la primavera que se acerca de puntillas se encargue de untar el amor que rezuman sus ojos en torno al frío helado que salpica el revés del sol suspendido por sus cuatro esquinas con clavos a los enormes maderos que sostienen el cielo que abate el puño sobre la arqueta que mientras tuesta su luz sobre la suave lumbre del pedazo de tela empapado en orina de rosas que cubre la pared medianera del perfume con sus excrementos hace punto con el alambre de la plomada del arco de piedra haciendo trizas el cuerpo desnudo de la mujercilla puesta a secar bajo el paño malva de su imagen que cuelga del banderín atado a la punta de la cucaña en lo cobrizo de su pecho minuciosamente dibujando en la sombra del aroma del árbol cargado de piojos abriendo su cómico sobre a grito pelado de angustia cortando la cuerda floja de la máscara de cristal de roca carcomido por los picotazos de los camiones que cuelgan encima la colmena corazón ensenada colina ficha medida olor río envolvente en espiral la palabra duerme la flecha de la lámpara se desliza sobre el papel lo cruza vivaz.
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