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domingo, 30 de agosto de 2015

Eduardo Galeano


Eduardo Galeano


Latinoamericanos

Dicen que hemos faltado a nuestra cita con la Historia, y hay que reconocer que nosotros llegamos tarde a todas las citas.

Tampoco hemos podido tomar el poder, y la verdad es que a veces nos perdemos por el camino o nos equivocamos de dirección, y después nos echamos un largo discurso sobre el tema.

Los latinoamericanos tenemos una jodida fama de charlatanes, vagabundos, buscabroncas , calentones y fiesteros, y por algo será. Nos han enseñado que, por ley del mercado, lo que no tiene precio no tiene valor, y sabemos que nuestra cotización no es muy alta. Sin embargo, nuestro fino olfato para los negocios nos hace pagar por todo lo que vendemos y nos permite comprar todos los espejos que nos traicionan la cara.

Llevamos quinientos años aprendiendo a odiarnos entre nosotros y a trabajar con alma y vida por nuestra propia perdición, y en eso estamos, pero todavía no hemos podido corregir nuestra manía de andar soñando despiertos y chocándonos con todo, y cierta tendencia a la resurrección inexplicable.



*


El lenguaje

En la época victoriana no se podían mencionar los pantalones en presencia de una señorita. Hoy por hoy no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública;
el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado;
las victimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, que es como llamar niños a los enanos;
el oportunismo se llama pragmatismo;
la traición se llama realismo;
los pobres se llaman carentes o carenciados, o personas de escasos recursos;
la expulsión de los niños pobres por el sistema educativo se conoce bajo el nombre de deserción escolar;
el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral.

el lenguaje oficial reconoce los derechos de las mujeres entre los derechos minoritarios, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría.
en lugar de dicatdura militar, se dice proceso;
las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas.
cuando los ladrones son de buena familia no son ladrones. sino cleptómanos.



*


el miedo global


los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo
los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo
quien no tiene miedo al hambre tiene miedo a la comida
los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados
la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir
los civiles tienen miedo a los militares. los militares tienen miedo a la falta de armas. las armas tienen miedo a la falta de guerras.
es el tiempo del miedo.
miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo
miedo a los ladrones miedo a la policía
miedo a la puerta sin cerradura al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.
miedo a la multitud miedo a la soledad miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir.




*





puntos de vista


desde el punto de vista de las estadísticas, si una persona recibe mil dolares y otra persona no recibe nada, cada una de esas dos personas aparece recibiendo quinientos dolares en el computo del ingreso per cápita
Desde el punto de vista de la lucha contra la inflación las medidas de ajuste son un buen remedio . Desde el punto de vista de quienes la padecen, las medidas de ajuste multiplican el cólera, el tifus, la tuberculosis y otras maldiciones.


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el amor

En la selva amazónica, la primer mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.

-¿Te han cortado? -preguntó el hombre.
-No -dijo ella-. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:
-No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos.
Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:

-No te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:
-!Lo encontré! !Lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
-Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.


*


La noche/1


Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desnúdeme.

Eduardo Galeano

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